Del papel a la plastilina: nuestros personajes de 1º de ESO
Hay proyectos que entran por los ojos y no se olvidan. El que os traigo hoy es uno de esos. En clase de Educación Plástica, Visual y Audiovisual, mi grupo de 1º de ESO ha dado vida a toda una pandilla de personajes con muchísima personalidad, y el resultado nos ha sacado más de una sonrisa.
El punto de partida fue sencillo: convertir objetos y alimentos cotidianos en personajes con emociones. Una hamburguesa con banderita, una tostada enfadada de brazos cruzados, un brócoli relajándose en la bañera, un dónut sonriente lleno de virutas de colores y hasta una nube de lluvia. Trabajar la expresividad a partir de formas tan reconocibles ayuda al alumnado a entender que el diseño de personajes no va solo de "dibujar bonito", sino de comunicar carácter, gesto y actitud.
La estrella de la técnica han sido los rotuladores Sharpie. Primero definimos el contorno con trazo negro y grueso, ese perfil marcado tan propio del estilo kawaii, y después coloreamos el interior buscando saturación y contrastes potentes: naranjas, rosas fucsias, verdes intensos. Los Sharpie nos han permitido trabajar el color plano, las transiciones sencillas y la importancia de no dejar zonas sin cubrir. Una vez terminados, plastificamos los dibujos para protegerlos y darles ese acabado brillante que tanto les gusta.
El proyecto se completó con una parte de modelado en plastilina, donde cada estudiante creó pequeñas figuras en tres dimensiones: pajaritos azules, cerditos, mariquitas y algún personaje verde muy reconocible con su corona incluida. Pasar del plano al volumen es un ejercicio estupendo para entender proporciones, unión de piezas y detalle.
Aunque parezca una idea muy actual, dar rostro y emociones a la comida tiene siglos de historia. El pintor milanés Giuseppe Arcimboldo (1526-1593) ya componía retratos enteros a base de frutas y verduras en obras como Vertumno o su serie de Las Estaciones, jugando con esa doble lectura entre objeto y personaje. Y el eslabón más directo con lo que han hecho mis alumnos es la cultura kawaii japonesa, que desde marcas como Sanrio (creadora de Hello Kitty en 1974, y más recientemente del perezoso huevo Gudetama en 2013) popularizó justamente esto: alimentos redondeados, con ojitos y una emoción muy marcada. Explicar esta línea del tiempo en clase ayuda a que entiendan que sus dibujos no salen de la nada, sino que forman parte de una tradición. De hecho, el modelo directo de estos trabajos son las ilustraciones de Robin Davey, ilustrador y animador británico afincado en Berlín, conocido por su color vibrante y sus personajes de formas redondeadas y expresivas. Entre otros muchos encargos, ha diseñado un Google Doodle para el Reino Unido, y sus simpáticos personajes de comida han sido la referencia inmediata de nuestro proyecto: un buen ejemplo de cómo esa larga genealogía sigue viva y coleando en la creación actual.
Más allá del resultado visual, me quedo con lo que no se ve en las fotos: la concentración, las decisiones de color debatidas en voz alta y el orgullo de enseñar el trabajo terminado. Estos primeros proyectos del curso son fundamentales para que pierdan el miedo al folio en blanco y descubran que crear también es divertido.
Enhorabuena a mis artistas de 1º de ESO. ¡Seguimos!







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